Volver a la rutina después de las vacaciones significa recuperar horarios, reuniones, desplazamientos y jornadas frente al ordenador. Y con ese cambio de ritmo también puede volver una sensación muy conocida: terminar el día con la espalda cargada, el cuello rígido o los hombros tensos.
Quizá te resulte familiar. Empiezas la mañana bien, pero según avanzan las tareas notas que necesitas levantarte, moverte o simplemente desconectar unos minutos.
Prestar atención a esas sensaciones y hacer pequeños ajustes durante el día puede ser una forma sencilla de incorporar más cuidado a una rutina exigente.
Septiembre supone para muchas personas recuperar de golpe el ritmo habitual.
Después de unas semanas con horarios diferentes, vuelven el trabajo, las obligaciones familiares, las agendas llenas y, en muchos casos, buena parte del día frente a una pantalla.
Reuniones, correos, llamadas, documentos… Las tareas se suceden y es fácil darse cuenta demasiado tarde de que apenas nos hemos levantado del escritorio.
Cuando llega el final de la jornada aparecen frases muy habituales:
“Hoy tengo la espalda cargadísima.”
“Necesito mover el cuello.”
“Tengo los hombros muy tensos.”
“Llevo todo el día sentado y lo noto.”
Son sensaciones cotidianas que a veces dejamos en segundo plano porque estamos concentrados en terminar todo lo pendiente.
Hay situaciones muy habituales en una jornada de trabajo que pueden coincidir con esa sensación de carga.
Cuando estamos concentrados en una tarea, el tiempo pasa rápido.
Una reunión se alarga, después respondemos correos y continuamos con el siguiente asunto sin levantarnos. Cambiar de postura o aprovechar alguna transición entre tareas para movernos rompe esa continuidad.
Ordenador, portátil, móvil, videollamadas…
Gran parte del trabajo actual transcurre frente a pantallas y, además, solemos enlazar una tarea con otra casi sin transición.
Apartar la vista un momento, levantarnos o cambiar de actividad durante unos minutos puede introducir un pequeño respiro en la jornada.
Hay días en los que terminar algo significa empezar inmediatamente lo siguiente.
Una llamada da paso a un correo, después llega una reunión y volvemos al ordenador. Con ese ritmo es fácil olvidarse incluso de necesidades sencillas como levantarse a por agua o caminar unos minutos.
Una pausa no tiene que ser larga para formar parte de tu rutina.
Puede coincidir con el final de una reunión, un cambio de tarea, un desplazamiento dentro de la oficina o cualquier otro momento que permita interrumpir durante unos minutos el tiempo frente al escritorio.
A veces nos damos cuenta de que necesitamos parar por sensaciones muy sencillas:
Terminas la jornada con la espalda especialmente cargada.
Notas los hombros tensos después de trabajar frente al ordenador.
Te apetece mover el cuello después de una reunión larga.
Al levantarte de la silla piensas que llevabas demasiado rato sin moverte.
No hace falta interpretar estas sensaciones ni buscarles un diagnóstico. Pueden servir simplemente como recordatorio para prestar algo más de atención a cómo estás pasando la jornada.
Cuidarte mientras trabajas no tiene por qué significar cambiar por completo tu rutina.
Lo más útil suele ser encontrar pequeños gestos que puedas incorporar incluso en las semanas con más trabajo.
No necesitas estar pendiente continuamente de mantener una postura determinada.
Puedes aprovechar diferentes momentos para sentarte de otra manera, levantarte unos minutos o realizar de pie alguna tarea que no requiera permanecer delante del escritorio.
En lugar de añadir nuevas obligaciones a tu agenda, utiliza momentos que ya existen.
Al terminar una reunión, antes de comenzar otro trabajo, cuando vas a por agua o durante una llamada que no requiera mirar la pantalla.
Así el movimiento se integra en el día sin convertirse en otra tarea pendiente.
Observa cómo tienes organizada la mesa, dónde está la pantalla y si necesitas girarte continuamente o adoptar posiciones que te resultan incómodas.
No se trata de conseguir un escritorio perfecto, sino de adaptar el espacio, dentro de lo posible, a la forma en que trabajas.
Cuando el día está lleno es habitual pensar: “termino esto y paro”.
Pero después llega otra tarea.
Intentar proteger algún pequeño momento de desconexión antes de terminar la jornada puede evitar que el trabajo ocupe todo el espacio disponible.
A veces asociamos cuidarnos con tener una tarde libre o poder dedicar mucho tiempo a nosotros mismos.
Pero también puede formar parte de cosas bastante más sencillas: levantarte del escritorio, caminar un poco después del trabajo, dejar la pantalla durante unos minutos o reservar un rato que sea exclusivamente para ti.
Cuando la agenda es exigente, un autocuidado realista tiene muchas más posibilidades de formar parte de la rutina que uno perfecto.
Hay días en los que, además de introducir pequeños cambios durante la jornada, apetece parar y dedicar un espacio concreto al cuidado personal.
En Quirosan Zaragoza la atención comienza escuchando a cada persona.
No necesitas llegar sabiendo exactamente qué modalidad de quiromasaje elegir ni qué técnica necesitas. Puedes explicar cómo te encuentras, qué zonas notas especialmente cargadas y qué buscas en esa sesión.
Antes de comenzar, José habla contigo, escucha qué necesitas y realiza preguntas para conocer mejor cómo te encuentras.
A partir de esa conversación adapta su forma de trabajar y presta atención a las zonas y necesidades que le has explicado.
Puedes conocer los quiromasajes de Quirosan y consultar las opciones disponibles.
José es quiromasajista y osteópata de Quirosan Zaragoza.
Tú puedes contarle qué notas y qué buscas en esa sesión. José escucha, pregunta y, a partir de ahí, adapta su forma de trabajar.
Dentro de determinados quiromasajes técnicos puede integrar técnicas manuales de osteopatía cuando considera que tienen sentido según las necesidades de esa sesión.
El protagonismo no está en elegir una técnica, sino en que la atención se adapte a cada persona.
Septiembre trae de nuevo horarios, responsabilidades y muchas cosas pendientes.
Pero recuperar la rutina no tiene por qué significar que tu propio cuidado vuelva a quedarse siempre para el final.
Prestar atención a cómo transcurre tu jornada y encontrar momentos que encajen realmente en ella puede ser un buen punto de partida.
Y si quieres reservar un espacio exclusivamente para ti, en Quirosan Zaragoza puedes hacerlo desde una atención cercana y personalizada.
Puedes empezar por introducir algo de variedad durante la jornada: levantarte en algunos cambios de tarea, caminar cuando tengas ocasión o aprovechar determinados momentos para alejarte unos minutos del escritorio. La clave es encontrar opciones compatibles con tu trabajo y tu día a día.
Durante una jornada frente al ordenador es fácil enlazar tareas durante bastante tiempo sin apenas cambiar de actividad. Si notas esa sensación de carga, puede ser un buen momento para levantarte, moverte o desconectar un poco de la pantalla.
No. Puedes contarle a José qué notas y qué buscas en ese momento. Antes de comenzar, te escuchará y realizará las preguntas necesarias para adaptar posteriormente su forma de trabajar a la sesión.
En Quirosan, José empieza escuchándote para adaptar la sesión de forma personalizada.
Si prefieres hablar directamente con nosotros, también puedes llamarnos.